International, Spagnolo

Evolución humana, piel y vitamina D

Cuando echamos un vistazo a los diferentes países del mundo según su latitud, vemos que el color de piel varía, de tonos más blancos en el norte a tonos más oscuros en el sur. 

Analizando el clima la respuesta está clara, mientras menos horas de sol y más frío, el color de la piel es más claro; y al contrario, mientras más horas de sol y más calor, la piel es más oscura. Esto se debe a un proceso evolutivo que ha tenido lugar durante millones de años, haciendo que el ser humano se adapte a las condiciones climáticas.

Hay dos presiones selectivas que han hecho que lleguemos a tener esta variedad de tonalidades. La primera, la necesidad de protegerse de los rayos ultravioleta; la segunda, la necesidad de producir vitamina D. 

La primera es bastante evidente, dado que la melanina de la piel es necesaria para protegerse de los efectos dañinos de la radiación ultravioleta. Todos conocemos los efectos nocivos de la sobreexposición al sol. Es por eso que en regiones con muchas horas de sol, como África, la región del sudeste asiático, India o Latinoamérica; la población tiene una tez más oscura. La melanina hace de barrera protectora, ya que sin ésta el cuerpo estaría expuesto a muchos peligros, como el cáncer de piel.

La segunda presión selectiva no es tan conocida como la primera, ya que todo el mundo sabe que el sol en exceso es dañino y tenemos que protegernos. Sin embargo, la producción de vitamina D a través de la piel es más desconocida. Esta síntesis es crucial, ya que pocos alimentos contienen la suficiente cantidad de vitamina D para satisfacer las necesidades del organismo. Por este motivo, en las regiones del norte el objetivo no es protegerse del sol, sino tener la mínima cantidad de melanina para aprovechar las pocas horas de luz y poder sintetizar vitamina D.

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Cuando nos exponemos al sol, los rayos ultravioleta penetran en las células de la epidermis, donde se encuentra un precursor de la vitamina D, el 7-dehidrocolesterol. Éste se activa con la energía que proporcionan los rayos del sol y se convierte en vitamina D3. Esta vitamina D3 pasa al hígado, donde toma moléculas de oxígeno e hidrógeno convirtiéndose en la 25-hidroxivitamina D. Finalmente este precursor pasa al riñón donde se convierte en vitamina D activada.

Esta vitamina es un nutriente esencial para el organismo, ya que es de vital importancia para el desarrollo de los huesos en la infancia. Entre sus principales funciones están controlar la absorción del calcio y del fósforo en el intestino delgado.

La carencia de vitamina D puede producir enfermedades como el raquitismo, una dolencia que afecta al desarrollo infantil. Hay un rasgo muy característico de esta enfermedad, las piernas arqueadas en los niños. También se caracteriza porque hay una reducción de la fertilidad en las mujeres.

En la edad adulta la carencia de vitamina D afecta a la mineralización de los huesos, provocando más riesgo de fracturas y osteoporosis. El déficit severo conduce a serios problemas como la osteomalacia, que consiste en un reblandecimiento de los huesos. Se da principalmente en personas de la tercera edad, cuando envejecemos los requerimientos de vitamina D aumentan. 

Por estos motivos nuestra piel está adaptada a las condiciones climáticas del lugar. Es por eso que cuando salimos de nuestra zona sufrimos desajustes, por ejemplo, cuando un individuo que vive en latitudes ecuatoriales se va a vivir a latitudes más australes, necesita tomar suplementos medicinales para llegar a la dosis diaria de vitamina D que necesita. 

Sin embargo, hay zonas en las que tienen una piel muy adaptable, como en los países mediterráneos. En esta área geográfica hay muy poca luz en invierno, ya que son noches largas y días cortos con temperaturas muy frías, mientras que en los veranos el periodo diurno es muy largo y hay una gran exposición a los rayos ultravioleta. La selección natural es sabia, y ha hecho que la piel en estas áreas geográficas sea muy plástica, pudiendo perder mucha melanina en invierno y así conseguir la vitamina D que se necesita y adquiriendo una tonalidad oscura en verano para poder protegerse de la radiación. 

El color de la piel tiene un motivo y es uno de los ejemplos más claros en la evolución humana. La selección natural es sabia y sabe buscar soluciones a las presiones a las que la naturaleza nos somete. Sea para protegerse del sol o para obtener vitamina D, hemos ido evolucionando adaptándonos a los cambios, los individuos mejor adaptados han sobrevivido, mientras que aquellos que no estaban adaptados no han podido seguir adelante. Son estos cambios los que nos han hecho llegar a la especie que somos hoy, y gracias a esta adaptación hemos llegado a la diversidad que tenemos hoy en día.

Escrito por Sara García Sánchez – Graduada en Biología, especializada en alimentación.

Mensaje al lector: El contenido recogido en este blog es de carácter meramente informativo. No se pretende sustituir la labor de los profesionales sanitarios y de asesoramiento científico.

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